Llevo conteniéndome muchas semanas para no escribir este post, pero un estado moñas me ha atrapado y me voy a dejar. Primero decir que son las cinco menos cuarto de la tarde y es totalmente de noche desde hace como una hora, un poco deprimente, sí, pero no pasa nada, porque a eso de las 10 y hasta la una más o menos, el cielo deja de ser negro cerrado y se pone granate. Sí, increíble pero cierto, cuando tendría que ser noche cerrada, el cielo se pone rojo. Primero se dio cuenta Julia, y ahora llevo ya una semana o así vigilándole y nada, todas las noches igual, de pronto el cielo es rojo y más claro de lo normal. Ni idea de los motivos de semejante rareza, pero comienzo a pensar que este caos de luz me va a volver tarumba y cuando regrese a Madrid ya no tenga remedio.
Bueno, a lo que iba yo es a que es domingo. O eso dicen… porque aquí los domingos pues ya ves tú, no tienen nada especial, son un día más, vamos. Son los días de la morriña, que una poca también hay, para que engañaros. Y es que aquí los domingos no tienen rastro, ni cañas por la latina, ni barritas de tomate de desayuno por prospe, echándose a suertes el periódico…, ni comida en casa en la mesa grande, ni en casa de la abuela… Nada, son domingos planos. Te despiertas más tarde porque el sábado te acostaste tarde, haces menos de normal porque te permites la vaguería, quizás quedas con alguien… pero vamos, que lo llaman domingos por llamarlo de alguna manera, pero a mi no me engañan, esto no es un domingo. Y punto.
Bueno, para arreglarlo me he puesto mi hora de sauna el domingo. La tengo justo al final del día, para acabar la semana con mi momento de relax, a ver si consigo reconducir los domingos así, poniéndole nuevas etiquetas o algo… lo de la sauna ayudará, jeje, sobre todo ahora que los descansos los podemos hacer tirándonos bolas de nieve













